El mieloma afecta a cada uno de forma diferente.

No hay dos pacientes iguales.

¿Qué tratamiento hay para el mieloma?

El tratamiento del mieloma múltiple está orientado al mieloma múltiple sintomático, es decir, cuando aparece hipercalcemia, insuficiencia renal, anemia, dolor o daños óseos y otros síntomas de actividad tumoral.

La finalidad de la medicación es frenar la evolución de la enfermedad y reducir los síntomas.

Los objetivos de los diferentes tratamientos para el mieloma son:

Reducir la cantidad de paraproteínas.

Alcanzar la remisión completa, o al menos, parcial.

Retrasar la progresión del mieloma.

Mejorar las condiciones de vida y supervivencia de los pacientes.

El tratamiento del mieloma depende de cada paciente, del estadio en el que se encuentre la enfermedad, del grado de afectación del organismo y de los avances médicos.

Hasta hace unos años, los tratamiento más comunes para controlar el mieloma eran los diferentes tipos de quimioterapia, esteroides y el trasplante de células madre. Sin embargo, en los últimos años se han introducido nuevos tratamientos como la talidomida, bortezomib y lenalidomida.

Para ayudar a disminuir los síntomas y complicaciones derivados del mieloma, existen diferentes tratamientos de soporte que incluyen bifosfonatos (para combatir la destrucción del tejido óseo), analgésicos (para aliviar los dolores óseos) y eritropoyetina (para tratar la anemia).

Es importante que el paciente consulte con su médico todos los tratamientos posibles y sus ventajas y desventajas.

Los mielomas no sintomáticos de riesgo estándar no necesitan tratamiento, pero sí un seguimiento regular que permita controlar los niveles de proteína M e identificar cualquier progreso de la enfermedad.

Recientemente, el Grupo Español del Mieloma aconseja incluir en estudios clínicos a aquellos pacientes con mieloma quiescente que tienen un riesgo de un 50% de progresar a mieloma sintomático en dos años (pacientes de alto riesgo).

Los pacientes con mieloma múltiple quiescente de riesgo estándar no necesitan tratamiento, pero deben ser controlados de forma periódica por un hematólogo.